Saboka´s World

20.3.06

El crujido del silencio

Cuando por fin me puse a hacer memoria caí en la cuenta de que debía llevar al menos seis días sin hablarme.
Al principio pensé que se trataba tan solo de una más de sus rabietas infantiles y por eso me lo tomé como solía, ignorándolo. Ya me había hecho a ese tipo de relación que consistía en hacer transparente al otro, mudo y sordo. No nos iba mal con aquella artimaña, pluralizo porque él también solía usarla. Podíamos estar varios días sin dirigirnos la palabra, ni la mirada, ni el pensamiento..., juntos y separados años luz.
Pero esta vez era distinto, era como si de verdad él estuviese abandonando nuestro hogar, como un fantasma.
Esa misma noche, como casi siempre me fui a la cama antes que él, pero esta vez no me dormí enseguida, agotada por la jornada. Permanecí acurrucada entre las sábanas, con el oído alerta a cualquier sonido que me indicase su presencia. Y es que no solo había dejado de hablarme si no que no hacía ningún ruido, incluso cenando me había parecido por momentos que se tornaba transparente.
Me estaré volviendo loca -pensé...
Desde el protectorado que las sábanas brindan llegó hasta mí un ligerísimo crujido, se repitió varias veces cada vez más tenue: cric, cric, cric. Igual que unos pasos que se alejan.
Me levanté como un resorte y acudí al salón, él permanecía allí, frente al televisor, dormido, como solía.
Escuché la puerta que daba a la calle cerrándose suavemente.
Se ha ido -dije en voz alta-, habrá que comenzar de nuevo.