Saboka´s World

23.6.05

Alejandro lo serás tú...

Pequeñajo, moreno, engreído y con cara de pocos amigos. Ese era Alejandro.
Se dedicaba a sembrar discordia exagerando hasta la parodia aquellos brotes verdosos que de vez en cuando surgían de su cerebro y que él confundía con sus ideas.
Disparaba verbalmente contra todo lo que se moviese y usaba para ello artillería pesada. Su oratoria espesa y maloliente, grosera, grumosa...
Conseguía, con bastante facilidad, elevar el tono de sus contertulios, acalorarlos, sacarlos de sus casillas. Había alcanzado tal precisión en estos menesteres que algunos, más listos que él, se aprovechaban de Alejandro usándolo como arma arrojadiza con la que lacerar a sus enemigos sin mancharse en exceso y sobre todo sin castigar sus gaznates con un montón de hiriente bazofia verbal.

Barbarie, lujuria y desenfreno

Aquella tarde un tipo alto, repeinado y guapo por convicción entró en la tienda de Biblias, relicarios y exvotos de cera y se dirigió al hombre que estaba tras el mostrador.
¿Es usted Alejandro?, pregunto esgrimiendo una sonrisa cortante.
El pequeño, moreno, engreído y con cara de pocos amigos levantó la vista del brazo de cera que estaba manipulando sobre el mostrador. La fijó sobre la cara impolutamente afeitada de su interlocutor y le espetó: Alejandro lo serás tú..., cabrón.

1.6.05

Gelatina


Sentado frente a un plato de gelatina gigante, veo el mundo en verde trémulo.
La señora del bolsito enciende nerviosa un pitillo, está esperando a su amante aún sabiendo que un día más este no vendrá.
El café esta medio vacío a estas horas, suele llenarse conforme se acerca la hora de la comida, y por las mañanas. La hora del primer café es la hora punta.
Excavo un túnel entre la gelatina mentolada que me lleva al humo de la señora del bolsito.
Alguien la increpa por fumar en zona prohibida pero ella no parece inmutarse, inhala un par de caladas profundas y estalla el cigarrillo en el cenicero antes de dejar un billete y no detenerse a recoger los cambios.
Afuera llueve, las gotas salpican el cristal del café.
Saco punta a mi montaña gelatinosa con cuidado para que no se desmorone por culpa del túnel que la atraviesa.
Acaba de entrar el anciano del periódico.
Tardé cuatro meses o más en darme cuenta de que siempre lleva el periódico de la misma fecha bajo el brazo. Primorosamente doblado.

Mundo en verde trémulo

Se sienta frente a la barra y le sirven su café con copa sin necesidad de que pida. Abre el periódico, lo ojea con desgana durante todo el tiempo que necesita para agotar café y licor, sin prisa pero sin pausa. Deja el periódico en la barra junto a unas monedas y se va.
El periódico es de fecha 9 de Abril, el día en que la Hacienda Pública embargo al anciano su negocio de bollería. Aquel mismo día y sin saber muy bien el motivo, el anciano compró todos los periódicos de los quioscos cercanos a su domicilio. Cada día saca un nuevo ejemplar del 9 de Abril y lo ojea con desgana abandonándolo en la barra.
Ya sólo quedan dos ínsulas grumosas de mi primitiva montaña gelatinosa. Las paseo por el plato con suavidad empujándolas con la cuchara mientras observo a la chica del móvil.
Llega siempre a la misma hora, con su teléfono pegado al oído, habla en susurros y en francés, así que no entiendo nada de cuanto dice, tampoco Marquitos, el camarero, entiende nada. Lo sé porque se lo he preguntado en más de una ocasión, Marquitos es un poco retraído.
La Muchacha se toma su café expreso exactamente en seis sorbos, usa solo la mano derecha, la izquierda sigue sujetando el móvil bien pegado a su oreja. Paga y se va sin separarse un solo instante del auricular.
Un día la seguí hasta donde pude, resultó trabajar en un rascacielos de oficinas.Ya terminé mi gelatina, mañana toca pastel de manzana así que haré el recuento de las grietas de las paredes.