¿Qué ruido es este?, me pregunto sorprendido ante el clamor de masas que de pronto se levanta a mis alrededores, (tengo múltiples personalidades).
-Ah, bueno, que Doña Leticia, una chavala que antes daba las noticias y que ahora se ha casado con un mozo viejo que teniendo un piso de soltero de la leche prefería seguir viviendo con sus padres se ha quedao preñá.

-Oiga joven, un poco de respeto. Estamos hablando de la futura reina de España.
-Usted perdone, que no recuerdo yo cuando se eligió, debía estar de resaca.
-El Rey no se elige, se impone, esa es la grandeza de la monarquía y antes de que siga con su estúpida actitud le diré que tiene usted la inmensa suerte de poder tomarse unas porras en una cafetería de un país con una de las monarquías más saludables y respetuosas con los derechos humanos y el medio ambiente.
-Honrado me hallo. ¿Y qué será nene o nena?.
-Lo que Dios quiera. Lo importante es que venga con salud.
Pues vamos listos, pienso para mis fueros internos por no seguir soliviantando al buen hombre que tengo al lado, ambos dos con sendas porras y "cafeses con leches", al tiempo que recuerdo vagamente aquellas difusas clases de historia que en el "cole" me descubrieron el buen hacer de los ascendientes absolutos y absolutistas del mozo pre-papá. Suerte que los tiempos han cambiado.
-¿Y si es nena qué?, veo un brillo de esperanza en el horizonte, de ser hija única... ¿se acabaría la 'monarquía parlamentaria' y sólo seríamos 'parlamentaria'?.
-Hombre de Dios..., ¿pero es que no vive usted en este mundo?. La Constitución española se puede cambiar en casos de necesidad extrema como el que nos ocupa y basta con hacer un tachoncito chiquitín para que el tema quede resuelto. En la remota posibilidad de que naciese una fémina porque las apuestas van 200 a 1 a que tiene "campanillas" lo que la Doña alberga en su vientre.
-Pero si no me equivoco para mover la 'Consti' tiene que haber acuerdo en el Congreso después hay que disolvelo, votar todos los Españoles de pro otro Congreso y que este lo apruebe de nuevo y cuando eso ya esté hecho entonces hay que hacer un referéndum para preguntar si estamos o no de acuerdo con hacer el famoso tachoncito. ¿No es eso?.
-Vagamente.
Joer, vagamente dice, pues yo veo aquí mogollón de curro. Y, vago que es uno se me ocurre preguntar, juro que sin mala intención alguna, creo:
-Y ya puestos a montar todo ese mogollón, ¿no podían preguntar de paso si queremos o no que una ex presentadora de Telediario y el tataranieto, biznieto, nieto y qué se yo de ilustres Grandes de España vivan como reyes, nunca mejor dicho, a costa de las arcas del Estado que, como Hacienda, somos todos?.
El yayo me mira de reojo, se limpia primorosamente los labios con una servilleta, pliega meticulosamente el diario ABC, se lo coloca debajo del brazo, gira graciosamente sobre sus talones y se va para la calle. Se me habrá ofendido, pienso.
Si es que como decían en "Los lunes al sol", la cuestión no es si yo creo en Dios si no si Dios cree en mí y va a ser que no.
Por mí que hagan el tachoncito de una puñetera vez y que me dejen en
paz.