Saboka´s World

9.4.05

Conmoción

JUAN JOSÉ MILLÁS
El Pais 08/04/05

Llevabas razón, madre, si te signifi­cas demasiado, al final te quedas mas solo que la una. No volveré a hacerlo. Ahí van, como muestra de mi arrepentimiento, estas líneas hon­damente sentidas sobre el Papa: ha muerto un campeón de la libertad, un hombre que llevó a la Iglesia a cotas increíbles de democracia inter­na y que reconoció los derechos de Jos colectivos tradicionalmente per­seguidos u olvidados, fueran po­bres, mujeres, homosexuales o filaté­licos (en el caso de que la filatelia sea una opción venérea, que ahora no caigo). Su odio a las tiranías fue tal que administró la eucaristía a Pinochet, también» conocido como el libertador del Cono Sur, con el que la Iglesia de Juan Pablo II cola­boró activamente y sin complejos. Y hablamos de Pinochét por no men­cionar a héroes menores como Vide-la, que llevó a cabo su misión reden­tora gracias a la eficaz ayuda de los obispos argentinos.
Ojalá que la Iglesia no aproveche este óbito para relegar de nuevo a la mujer a la condición servil de la que Wojtyla la rescató. Ojalá que el Vati­cano continúe apostando por las co­munidades de base, por los deshere­dados de la Tierra, como hizo Juan Pablo II al apoyar a los teólogos más comprometidos con la difusión del mensaje de Cristo entre los po­bres. Pido a Dios que ilumine a los cardenales para que elijan un suce­sor capaz de continuar la revuelta que este hombre llevó: a una institu­ción ya de por sí avanzada. ¿Ó acaso podremos olvidar los españoles la complicidad, dicho sea en el mejor sentido de la palabra, de la jerar­quía eclesiástica con Franco, cuyas torturas aplaudió hasta quedarse sin manos? Y es que también Fran­co, como ha demostrado la historia, era otro campeón de la libertad. ¿Pa­ra cuándo su beatificación?
No volveré a quedarme solo. En el futuro repetiré lo que ordene la tele, aunque contradiga mi experien­cia. Escribo estas lineas al sol de abril, en la terraza de una cafetería. Nadie, a mi alrededor, da muestras de haber sufrido una gran pérdida, pero debe ser un efecto óptico por­que los telediarios hablan de un due­lo universal, que afecta a todos y cada uno de los habitantes del plane­ta. Me rindo, mamá, y en este acto abomino del condón y me adhiero al discurso único.